Cómo enfrentarse a los apegos materiales y personales

07 nov
7 noviembre 2012

Hubo una vez un empresario avaro y ansioso. Este señor estaba en una situación económica de crisis bastante importante. No es que su empresa tuviera pérdidas, más bien que dejaba de ganar como antes y tenía que hacer frente a muchos pagos en los meses siguientes. Quiso pedirle ayuda a uno de los hombres más sabios que habitaban en su ciudad.  No era un consultor de empresa, ni un coach, ni nada parecido. Era un maestro Zen y justo en el momento en el que fue a visitarle, el maestro comenzaba una clase de meditación.

Todos se sentaron en el suelo. Embriagado por la atmósfera de paz y relajación, el empresario se sentó para, no parecer descortés. En ese momento entra un anciano delgado, con la tez sonrojada y una gran melena blanca que le caía por sus hombros. Sus ojos azules y profundos transmitían la paz que emite un océano en calma con la caricia de una ligera brisa marina. En sus manos llevaba un pequeño cuenco tibetano de oro puro con incrustaciones de diamantes y una baqueta de cerezo con un mango de piel y filigranas grabadas en plata. El anciano comenzó a mover la baqueta por el borde del cuenco y la habitación comenzó a llenarse de sonidos profundos y armónicos. Con voz firme y segura el maestro les dijo a sus alumnos – comenzad a observar el flujo de vuestra respiración y dejaros llevar por el sonido del cuenco.

Cuenco tibetano

Cuenco tibetano

El empresario, quedó tan asombrado por la magia y la belleza de aquel cuenco tibetano que era incapaz de centrarse en la respiración y no dejaba de observar los brillos de aquel objeto tan valioso. Mientras el maestro guiaba la meditación el empresario seguía perdido con el cuenco hasta que dejó de sonar y la clase terminó.

Cuando todos los alumnos se retiraron de la sala, el empresario se acercó al maestro y le dijo que le había sido incapaz de centrarse en la meditación, que no dejaba de pensar en esa joya tan valiosa y le pregunto por su valor. -¿Qué joya?  Le susurró el maestro – Esa que sostiene en sus manos, el cuenco de oro y diamantes. – Pues ni idea, le contestó el maestro, a  mí me la dio mi anterior maestro, que a su vez se la dio su maestro y así durante muchas generaciones y  años. Si yo tuviese esa joya la vendería, pagaría mis deudas y sería rico, comentó el empresario. Pues si esto va a solucionar tus problemas llévatela. El empresario con cara de incredulidad y asombro agarró el cuenco y salió de la sala, casi sin agradecerle al anciano su gesto tan grato y alejándose con paso veloz y escurridizo.

Al cabo del tiempo, justo antes de comenzar una sesión de meditación, el anciano observa desde su posición que el empresario atraviesa la puerta, cabizbajo y con paso corto e inseguro y se acerca a él. ¿Has solucionado tus problemas económicos al vender el cuenco? –No, le contestó el empresario, casi sin mirarle a los ojos. Ahora vengo a por algo más valioso que el cuenco, vengo por el motivo que le hizo darme ese objeto tan valioso y desprenderse de él.

REFLEXIÓN

Con esta pequeña narración quiero dar a entender la importancia que tienen los apegos y los aferramientos, así como los desapegos  en nuestra sociedad actual. Pero… ¿Qué es el apego?

La palabra apego (Cariño, afecto), viene de apegar, compuesto por el sufijo a (hacia) y pego (pegar). El apego no es ni más ni menos que un pegamento emocional, compuesto por dos ingredientes activos. Oxitocina y ego. No es el objetivo de este artículo comentar el complejo funcionamiento de la oxitocina en nuestro cerebro, pero sí del ego y del apego. Volviendo al apego,  es ese estado emocional de relaciones compulsivas que nos aferran a personas o cosas y que, en primer lugar: Pensamos que sin esas personas o cosas no podríamos vivir y en segundo lugar, todo ello nos pertenece. Por lo tanto si nos pertenecen y no podemos vivir sin ellas, cuando las perdemos, o nos las quitan, nos sentimos inseguros, desdichados e infelices.

Lo positivo del apego, y gracias a la oxitocina que produce nuestro cerebro, es el sentimiento de placer y felicidad que nos producen determinadas situaciones. Por eso cuando obtenemos cosas materiales nos sentimos tan bien o cuando recibimos cariño y amor obtenemos un estado de bienestar. El problema del apego viene manifestado por los sentimientos negativos y de amenaza constante que nos produce el “pensamiento” de perder ese objeto o esa relación que tan bien nos hace sentir.  Pero no todo es malo ya que es la mente la que está creando estas creencias y como tal podemos programarla para desconectar la creencia de posesión.

PAUTAS PARA DESHACERSE DE LOS APEGOS

Apegos

Lo material

Analiza aquellos objetos materiales o situaciones  a los que estás aferrado y que desprenderte de ellos te haría sentirte mal e inseguro. Haz una lista valorando del cero (menos importante)  al diez (más importante) la importancia que le das a esos objetos (casa, coche, móvil, televisión, etc.). Date las gracias a ti y a la vida por permitirte usar esos objetos y piensa que tarde  o temprano se romperán, los robarán o simplemente dejarás de quererlos por otros nuevos o más modernos. Empieza por los de menos valor y admite que es un autoengaño pensar que todo te pertenece. Disfruta de su utilización no de su posesión.

Las personas

Con las personas ocurre exactamente lo mismo. El secreto está en AMAR, no en querer. Cuando quieres es posesión, cuando amas es libertad, es generosidad, es aprendizaje. A veces les echamos el lazo a determinadas personas pensando que nos pertenecen, son nuestras para siempre y las queremos para nosotros, nuestro disfrute, nuestra felicidad (egoísmo). Lo mejor que puedes hacer con las personas es amarlas libremente, amarlas con la madurez suficiente para pensar que son personas libres, con poder de decisión y de elegir su propio camino. Cuando piensas que las personas te pertenecen, los celos, los miedos, las inseguridades florecen de tal manera que la relación se vuelve desdichada.

¿Qué tiene que ver esto con los emprendedores o con el mundo de la empresa?, os preguntaréis. TODO, dentro de un emprendedor hay una persona que si es capaz de manejar sus emociones, su equilibrio y su vida, será capaz, muy probablemente, de liderar cualquier proyecto.

Vinimos a este mundo, desnudos, sin maletas, sin mochilas, sin experiencias, sin posesiones. Algunos incluso llegaron a este mundo sin amor, sin planificación, sin quererlo por parte de sus padres. Una de las lecciones más importantes que nos enseña la vida es que nos iremos de este mundo igual que vinimos, sin la posibilidad de usar maletas, mochilas, posesiones, solo nos llevamos la experiencia vivida y la marca que hemos dejado en la memoria de nuestros amigos, familiares o la sociedad. Entonces me pregunto, por qué te aferras a eso que no vas a poder disfrutar en tu lecho de muerte, por qué ese sufrimiento constante por algo que un día seguro te será arrebatado. ¿No es más fácil disfrutar de lo material y de las personas teniendo la plena consciencia que nada nos pertenece, que todas las cosas cambian y ninguna es permanente?

Os deseo felicidad y un crecimiento exponencial.

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